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La anorexia y bulimia son los llamados trastornos de la alimentación que han cobrado inusitada relevancia en los últimos años en nuestra sociedad, en la sociedad del bienestar.

En cambio, son enfermedades que vienen produciéndose desde hace siglos.

Curiosamente uno de los primeros casos relatados a través de los síntomas está fechado a principios del siglo IX y se trataba de un varón. Son malestares que actualmente se producen más en las mujeres, siendo la proporción de cinco a uno con respecto de los varones.

Los momentos en que la anorexia y la bulimia se reactivan es a comienzos del verano, por aquello del cuerpo, y en las fechas navideñas donde la convocatoria es respecto a la unión familiar en torno a la comida.

Primero, debemos considerar que existe un trastorno de alimentación cuando una persona dispone que la comida sea el centro de atención de su vida, esto es, que la actividad de una persona gira alrededor de la alimentación, así como su mundo de relación - inhibición de contactos personales porque se va a comer tanto alimentos que engordan o la tentación de devorarlos-.

Las personas que giran sobre la alimentación, ponen en la comida un significante particular de acuerdo a factores psicológicos y evolutivos determinados, hasta el punto de que les otorga una identidad de ser que de otra forma tienen dificultad en conseguirlo, haciendo que los actos y pensamientos que forman parte de su cotidianidad se conviertan en dependientes de esa idea, que a modo de parásito, ataca con fuerza y hostilidad en cada situación a la persona que lo sufre.

De esta forma, la comida es el motor por el cual se concurre o no a un evento, el encuentro con los amigos evitando las horas de las comidas, de dejan de frecuentar restaurantes que ofrecen determinado tipo de alimentos, se ingiere un yogurt o fruta en todo el día, y otras personas que buscan ansiosamente cuaquier cosa que se puedan meter en la boca en forma de comida con tal de alcanzar cierta plenitud. La etimología de la palabra anorexia nos remite a "hambre de nada".

El requerimiento para la persona que sufre anorexia es de orden físico, pero no desea comer. La enfermedad se manifiesta en la rebeldía de no comer, representando un punto de llamada de atención a los padres y amigos, no siéndolo para la propia persona ya que lo interpreta como normal, sin tener conciencia de la enfermedad.

En fin, es una señal que nos indica que algo está sucediendo y que las cosas, por tanto, no marchan bien. Entre los síntomas que encontramos en la anorexia - teniendo en cuenta que una anorexia no es igual a otra - tenemos la amenorrea - pérdida del ciclo menstrual -, poliuria - exceso de orina por la cantidad de liquidos ingeridos, la pérdida del tejido adiposo - abdómenes hundidos, piernas y brazos esqueleticos -, hipercolesterolemia - colesterol excesivo, insuficiencia cardíaca, el descenso del nivel de potasio. La descompensación electrolítica puede llegar a convocar un paro cardíaco, y tras ello la muerte.

Por contra, la etimología de bulimia nos dirige a "hambre voraz". No se trata de hambre física, siendo lo único que sí se presenta en la anorexia, sino hambre de otra cosa y manifestándose en la persona bulímica deseo de comer.

Se produce una excitación previa que le lleva a la elección de alimentos a ingerir, ricos en calorías y faltos de proteínas, y posteriormente se registran los llamados atracones, que son episodios de ingestas rápidas, de forma compulsiva, en grandes cantidades y dentro de un descontrol importantes.

Se enmarcan dentro de un ámbito de privacidad y de soledad. ésta es complice de la bulimia. La soledad permite que la persona acuda a los atracones, tomando conciencia después de lo sucedido y cargando con un fuerte sentimiento de culpa, y que la obliga a expulsarlo, donde se evacúa también la culpa.

Aquí es donde tienen lugar las purgas, para poderse aliviar de la angustia y de la culpa: así aparecen en juego los laxantes, los vómitos, diuréticos y enemas. Es necesario destacar que no se trata de calificar de bulímicos a la totalidad de las personas que comen por encima de su hambre, incluso sin hambre, o que siempre tienen hambre. La bulimia no es la gula ni la manía de picotear entre horas, aunque en el lenguaje corriente se utilice siempre esta expresión. Los bulímicos pueden estar durante periodos sin hacer ni una comida, se trata de pacientes muy diversos, pero que se puede resumir como que en un momento dado se dan cuenta de que se lanzan a comer cualquier cosa, sin poder pararlo, sin contenerse, de todo lo que está a su mano porque es más fuerte que su yo.

El malestar físico se va a centrar en la bulimia en la amenorrea, en la pérdida del esmalte dental - incluso de los dientes-, la piel amarillenta, trastornos del esófago y del tracto digestivo; y por fin, el signo de Russell que son callosidades en los nudillos de los dedos - por provocarse el vómito -. El riesgo mayor se presenta en la práctica simultánea de varias técnicas purgativas, combinadas incluso con el ejercicio físico - vease la Emperatriz Sissi -. Dichas purgas provocan una eliminación importante de sales en el vómito, en las heces y orina.

La mortalidad es importante, veinte por ciento, se da por inanición y por la descompensación electrolítica. Igualmente que en la anorexia, su incidencia es más fuerte en las mujeres que en los varones. Los trastornos de la alimentación no aparecen con frecuencia en estado puro, es decir, no existe una anorexia o bulimia pura.

En una misma persona se pueden registrar episodios tanto anoréxicos como bulímicos. Por lo expuesto hasta ahora, estos trastornos implican ir más allá de pensarlas como de origen orgánico, para poder introducirnos en el campo psicólogico, dado que tanto en la bulimia como en la anorexia existe una distorsión de la imagen corporal; hay una discordancia entre el cuerpo biológico y la representación mental del cuerpo.

Tanto la anorexia como la bulimia son síntomas, con lo cual no implican una determinada psicopatología de base, ni tampoco es específico de una patología. Más bien, se apoyan sobre personalidades de a-dicción; si descomponemos la palabra, tenemos que la "a" es un prefijo de negación , y dicción convoca al decir. Entonces, pues, a-dicción se convierte en lo "no dicho", de lo que aún no se han puesto las palabras, de lo que falta por decir y que la anorexia y la bulimia taponan a través del cuerpo. En fin, que hablan a través del cuerpo. En muchas ocasiones, se ha formulado la causa de estos trastornos en la moda y en la sociedad. Ciertamente, hay que señalar que sí tienen que ver en la medida de un sostenimiento de ello de una forma claramente consciente, pero no son la causa.

En cambio, lo más profundo, es que también son sostenidas a nivel familiar y de una forma sútil, no consciente y de una forma muy decidida. Podriamos decir que es un síntoma que alguien padece y soporta para cierto sostén familiar. Se debe aceptar como trastornos que se originan en el núcleo familiar, y que actúan como síntoma de conflictos internos solapados, de tensiones en las relaciones paterno-filiales.

Desde el lugar de los padres, es conveniente contener a la persona enferma, intentar comprender lo incomprensible, transmitirle afecto y acompañarle en este trance de su malestar, invitándole a conocer, a través de profesionales de la salud, qué le sucede, y convocarle a deseos de vivir. Se trata de compartir sus cosas, sus desalientos, sus problemas, sus afectos y desafectos e intentar, junto con la ayuda profesional, restablecer los vínculos destruídos, para poder conectarse de nuevo a la vida que les queda por sentir.


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