cabecera
inicio contacto
articulos

donde_estamos

volver
articulo03
lineblue

foto LA PAREJA

Cuando una relación de pareja no marcha bien, no hay acomodo de satisfacción, no es porque es debido a otro que representa un mal, sino a cómo cada uno, cada sujeto interviniente en esta pareja, se sitúa en relación a ella.

El otro puede ser poco adecuado, no tanto porque lo sea en la realidad sino más bien por la idealización que un sujeto hace del otro, y por tanto sin cumplir las expectativas de ese Uno.


Cuando algo incomoda en una relación de pareja, se trata de investigar si lo que sucede se encuentra en el registro de la realidad o de la fantasía, ya que se puede tratar de algo a nivel de molestia o malestar personal, subjetivo, porque nos podemos encontrar con que un miembro de la pareja no ame, o que uno de los participantes de la pareja necesite de la fantasía de un mal querer, por paradojal que resulte; debido justamente a que la realidad psíquica es distinta a la realidad objetiva.

No se trata de convencer al otro de que sea como uno, estableciéndose una lucha por quien se lleva al terreno propio al otro. Y de ahí se sucede que conviene más transmitir y aceptar que la realidad del otro no es la propia de la realidad del uno.

Entonces, ¿ una pareja es pareja ?
Parece que la respuesta apunta a que no lo es. El problema de toda pareja no es en lo que se coincide sino cómo se convive con lo que no se coincide. La cuestión reside en cúal es la capacidad de la despareja-pareja para convivir con gustos, estilos y formas de ser que el otro no tolera. Es más, son las características desparejas de toda pareja las que se inscriben como sello particular, como aquello que los define.

Distintos factores definen a la pareja moderna en Occidente - heterosexual -. Moderna porque su historia es reciente en la humanidad; sus cambios fueron acelerados y sintónicos con el desarrollo social e histórico de cada época. En la actualidad existe una manifestación de la libertad que pone en cuestionamiento los valores fundamentales de la convivencia existente hasta este momento. Ahora hay distintos tipos de libertades que no habían sido calculados en la convivencia social, grupal y familiar; lo cual lleva a conciliar la estructura de pareja y familiar con las nuevas reivindicaciones de libertad y realización personal de hombres y mujeres. Esta emergencia actual afecta al amor.

Mientras en las culturas orientales el amor se lo concibe como un arte, como una práctica que se aprende y tiende a su perfeccionamiento, en Occidente el amor está en relación al sufrimiento, donde el dolor es una prueba de intensidad del sentimiento amoroso hacia la otra persona. La idea del amor en Occidente es bajo la tipología del amor-pasión, y es un amor marcado por lo trágico. El amor feliz no tiene historia en la literatura occidental; cuando el amor es feliz acaba la pasión y comienza el aburrimiento de la pareja.

En el amor-pasión los amantes aman cada uno a partir de sí, no del otro, consistiendo su desdicha en el no encuentro con la reciprocidad. Entonces es así como el amor de pareja encubre al narcisismo. En este, se trata de con-vencer al otro de que sea como uno; así se establece una lucha por quien se lleva al terreno propio al otro. Y es por esto que conviene a la pareja distinguir si los conflictos son derivados de la realidad, o determinados por la fantasía del Uno que exige del Otro el reflejo narcisista.

En el sentido mentado, entonces, se ama por la igualdad con el otro, no por la diferencia. Esta idea remite al mito de las "almas gemelas" escindidas por la ira de Zeus. La imagen de las dos mitades que desean volver a unirse - el mito del andrógino relatado por Platón en El Banquete- plantea la incompletad del ser humano que buscaría la otra mitad. De allí viene el considerarse incompleto si no se tiene pareja y la suposición de que solamente una persona estaría destinada a hacernos felices, esto es, que nos alcanzaría a la completad.

Es habitual escuchar dichos como "son una pareja estupenda, nunca se pelean", son los dos iguales, el uno es para el otro, etc. Estos lugares idealizados de la pareja dan como supuestos la felicidad, cuando apuntan a otra cosa: algún miembro de la pareja se está sometiendo al ideal del otro o ambos se someten a un ideal social compartido.

Este ideal es de semejanza, reciprocidad y armonía. En la idealización del amor, este no debe de ser acompañado con el odio; la ternura acompaña a la pasión, y la sensualidad amorosa con el sexo impetuoso - ésta seria la idealización completa -. Y para el cumplimiento de dicha idealización... están los amantes, los cuales aparecen como objetos idealizados destinados a dar la completud que la pareja no puede dar cuenta.

La idealización descrita y el narcisismo van de la mano. Este deviene de una característica de nuestra conducta en la que se pone en juego un exagerado amor por sí mismo o por la propia imagen de sí mismo que apunta el mito de Narciso: aquel que se deja morir fascinado con su propia imagen. A su vez, constituye una advertencia: buscar en la propia imagen el objeto de amor es una cita con la muerte. La misma circunstancia ocurre con las idealizaciones, ya que el otro desaparece como otro diferente para mí, y lo conduzco a ser objeto de mi propia idealización. Y esto es lo que nos lleva a la advertencia conveniente para la pareja: tanto el narcisismo como las idealizaciones de los sujetos individuales pueden conllevar a la destrucción de la relación.

Sucintamente podemos decir que toda pareja atraviesa por las siguientes etapas:

1. Encuentro
2.
Elección
3.
Idealización. Simbiosis. En etapa de enamoramiento
4.
Desidealización.
5.
Ruptura de simbiosis. Aparece el conflicto que lleva a una permanente reacomodación dinámica donde se encuentran las características de los integrantes de la pareja.

Casi siempre se olvida que una pareja está compuesta por dos personas. Digamos que es un olvido calculado ya que lleva a la idealización en la que se espera que la pareja proporcione todo: desde el confort, la amistad, la aventura, la ternura, el bienestar hasta el placer y el sexo. Y cuando no se brinda lo deseado y esperado aparece la desilusión que se manifiesta en desencuentros, ataques y rechazos. Es en este sentido que hay una mistificación peligrosa que exalta las virtudes de la vida en común de tal forma que nos pudiera parecer que es la panacea social y universal.

La pareja, podemos decir, es el encuentro con un otro no solo diferente sino también distinto de lo que quiero del otro. Es precisamente en esa diferencia donde va a aparecer la pasión que, como tal, está compuesta de amores y odios, por dichas y desdichas, por encuentros y desencuentros. Cuando sólo uno de estos términos predomina, es el aburimiento de la pareja-pareja, ya sea en la ilusión de la felicidad supuestamente conseguida o en las peleas constantes para que el otro sea a su imagen y semejanza.

En la despareja-pareja, los conflictos que aparecen pueden ser desatados por la pasión. Pasión por la vida en lucha contra el tedio, la desesperanza y el aburrimiento. Aceptar una despareja-pareja implica luchar no sólo con nuestros propios padres idealizados sino también con la proyección de que ellos hacen el conjunto social. También implica buscar el placer íntimo, propio y particular de cada relación que va en contra de las normas sociales cuyo concepto de felicidad depende de un universal característico impuesto por el poder en cada época histórica. En útima instancia, aceptar esta no acomodación de la pareja implica, al decir de Spinoza, el asociar el amor con la alegría y la potencia de vida.

volver



 
© Copyright 2008 - Apertura Psicológica Madrid